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Representación

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Segundo acto
La Festa

El segundo acto del Misterio de Elche se inicia también después del canto de las Vísperas de la Asunción de María. Desde la ermita de San Sebastián y del mismo modo que ya indicamos al inicio del primer acto, vuelven a partir los cantores en el cortejo que los traslada a la puerta mayor de la Basílica de Santa María. Entran por el andador el rector de la iglesia y el Portaestandarte y los Electos. Besan los pies de la imagen de la Virgen, cuyo túmulo funerario se halla ahora, a la derecha del escenario, y toman asiento en sus sillones respectivos. Detrás de éstos, entran los apóstoles, que también veneran la figura de María y se sitúan a su alrededor. En este segundo acto, San Pedro ha sustituido su túnica por alba, estola y capa pluvial. Por otro lado, hemos de señalar que, durante el paso de la Vespra a la Festa, se ha abierto en el centro del tablado un gran foso cuadrado rodeado por una balaustrada, que figura la sepultura preparada para recibir el cuerpo de la Madre de Cristo. Por su parte, María Salomé, María Jacobe y los ángeles del cortejo de la Virgen se detienen al principio del andador, junto a la puerta mayor del templo. Tres de los apóstoles cantan entonces una estrofa en la que deciden acercarse al lugar donde se encuentra el séquito mariano e invitarlo al sepelio de la Madre de Dios:

Par-nos, germans, devem anar
a les Maries pregar
devotament vullen venir
per a la Verge sepelir.

Parécenos, hermanos, que debemos andar
a las Marías rogar
que devotamente quieran venir
para la Virgen sepelir.

Descienden, pues, cuatro apóstoles hasta el comienzo del corredor inclinado y, dirigiéndose a las Marías y ángeles, entonan la siguiente invitación:

A vosaltres venim pregar
que ensems anem a soterrar
la Mare de Déu gloriós,
puix tant de bé ha fet per nós.

A vosotras venimos a rogar
que vayamos juntos a enterrar
a la Madre del glorioso Dios,
pues tanto bien ha hecho por nos.

E anem tots
ab amor i alegria,
per amor del Redemptor
e de la Verge Maria.

Y vamos todos
con amor y alegría,
por amor del Redentor
y de la Virgen María.

A estas palabras responde el cortejo:

Vosaltres siau ben vinguts,
parents e amics de grans virtuts.
Promptes som per a anar
a la Verge soterrar.

Vosotros seais bienvenidos,
parientes de grandes virtudes
y amigos.
Prontas somos para andar
a la Virgen enterrar.

>

Después de la contestación afirmativa, ascienden todos juntos al cadafal. A su llegada, los pequeños cantores del cortejo virginal besan los pies de la imagen y se dirigen a continuación a los asientos a ellos destinados que, en este segundo acto, se hallan situados en la izquierda del escenario.

San Pedro recoge entonces la palma depositada sobre el cuerpo de la Virgen y, cantando a San Juan, le pide que la porte ante el cuerpo de María:

Preneu vós, Joan, la palma preciosa
e portau-la davant lo cos glorificat
car així ho dix la Verge gloriosa
ans que als cels se n'hagués pujat.

Tomad vos, Juan, la palma preciosa
y llevadla delante del cuerpo glorificado
pues así lo dijo la Virgen gloriosa
antes que a los cielos se hubiese marchado.

San Juan, reconociendo el poder de Pedro, poder legado por el propio Cristo, acepta el encargado:

De grat prenderé la palma preciosa
a compliré lo que haveu manat,
puix que haveu potestat copiosa
de condemnar e delir tot pecat.

De grado tomaré la palma preciosa
y cumpliré lo que me habeis mandado
puesto que tenéis potestad copiosa
de condenar y borrar todo pecado.

Como en el primer acto, el paso de la palma dorada se realiza siguiendo el ceremonial de besarla y posarla ligeramente sobre la frente, tanto en el momento de darla como en el de recibirla. Después se arrodillan todos los discípulos alrededor del túmulo de María e inician un canto laudatorio como preparación de su entierro:

Flor de virginal bellesa,
temple d'humilitat,
on la Santa Trinitat
fon enclosa e contesa.

Flor de virginal belleza,
templo de humildad,
donde la Santa Trinidad
fue contenida y presa.

Pregam-vos, cos molt sagrat,
que de nostra parentat
vos acord tota vegada
quan sereu als cels pujada.

Os rogamos, muy sagrado cuerpo,
que de nuestro parentesco
os acordéis en todo tiempo
cuando seáis subida al cielo.

Concluido el canto, se levantan todos y comienzan a entonar el salmo 114, In exitu Israel d'Egipto, propio de la liturgia de exequias. Sin embargo, atraído por los cánticos, ha hecho su aparición en la puerta mayor de la iglesia un numeroso grupo de judíos dirigido por el Gran Rabino que destaca a su cabeza. Mientras la mayoría se detienen en el lugar indicado -al inicio del andador-, dos de estos judíos comienzan a subir por el corredor con la intención de observar el origen de la música. Ambos hebreos parecen dialogar entre sí y extrañarse de tan singulares cantos. Hacen gestos que indican asombro. De pronto, uno de los dos se acerca al cadafal y descubre al grupo de apóstoles cantando alrededor de la Virgen. Rápidamente llama a su compañero y entre los dos comprueban el hallazgo. En una pequeña carrera por el andador se dirigen al grueso de los infieles y explican, también con gestos, todo cuanto acaban de ver. Los judíos se alteran, comentan entre sí y deciden asaltar al grupo de discípulos de Cristo, para robar el cuerpo de María y destruirlo después. De esta manera quieren evitar que los apóstoles, al igual que hicieron con Jesús, digan, después de enterrar a la Virgen, que ha resucitado. En un momento determinado, el canto del salmo apostólico es interrumpido por la voz airada del Gran Rabino, secundada por el resto de los judíos que manifiestan sus intenciones hostiles mientras van subiendo por el andador de manera amenazante:

Aquesta gran novetat
nos procura deshonor;
anem tots a pas cuitat,
no comportem tal error.

Esta gran novedad
nos procura deshonor;
vamos todos con celeridad,
no permitamos tal error.

No és nostra voluntat
que esta dona soterreu,
ans de tota pietat
vos manam que ens la deixeu.

No es nuestra voluntad
que esta mujer enterréis,
antes, con toda piedad,
os mandamos que nos la dejéis.

E si açò no fareu,
nosaltres cert vos direm
que us manam en quant podem,
per Adonai que ens la deixeu.

Y si eso no hacéis,
nosotros cierto os diremos
que os mandamos en cuanto podemos,
por Adonay que nos la dejéis.

Los apóstoles, sorprendidos, se arremolinan alrededor del túmulo de la Madre de Dios mientras intentan ver qué ocurre en el exterior del tablado. Los judíos que sirvieron de exploradores, se destacan del resto y suben en primer término. Los discípulos se dan cuenta de las intenciones de éstos y deciden salir para detenerlos. Descienden primero San Juan y San Pedro. El apóstol amado, enarbolando la palma, intenta parar al judío que se le acerca. San Pedro obra de igual manera. Se empujan y simulan una lucha cuerpo a cuerpo, mientras el resto de discípulos se coloca delante del féretro para evitar que éste sea profanado. Sin embargo, el elevado número de hebreos que pugna por subir hace retroceder a los apóstoles hacia el cadafal mientras continúan los cantos. A pesar de la intensa oposición de los seguidores de Cristo, el primero de los judíos logra llegar, finalmente, al escenario, romper la barrera y acercarse al féretro de María. Cuando se dispone a coger el cuerpo de la Virgen, queda paralizado y con las manos engarfiadas. Sus compañeros, a medida que van llegando al tablado y presencian el hecho milagroso, caen de rodillas arrepentidos de su acción. Entonan entonces un canto en el que suplican ayuda:

Oh, Déu Adonai
qui formis natura,
ajuda'ns Sabdai
saviesa pura!

¡Oh, Dios Adonay
que formas natura,
ayúdanos, Sabday,
sapiencia pura!

Som nós penedits
de tot nostre cor.
Pregam-te, Senyor,
no vulles guarir.

Estamos arrepentidos
con todo nuestro corazón.
Te rogamos, Señor.
que nos quieras curar.

Tal miracle mai
no féu creatura.
Ajudan'ns, sant Pere,
qui tens la procura!

Tal milagro jamás
hizo criatura.
¡Ayúdanos, San Pedro,
que tienes la procura!

Los discípulos de Jesús, reconociendo la sinceridad del arrepentimiento de los judíos, les piden, para poderles perdonar, que manifiesten su fe en la virginidad de María:

Prohomens jueus. si tots creeu
que la Mare del Fill de Déu
tostemps fon verge, sens dubtar,
ans e aprés d'infantar.

Prohombres judíos. si todos creeis
que la Madre del Hijo de Dios
fue virgen todo tiempo, sin dudar,
antes y después de alumbrar.

Pura fon e sens pecat
la Mare de Déu glorificat,
advocada dels pecadors.
creent açò guarireu tots.

Pura fue sin pecado
la Madre de Dios glorificado,
abogada de los pecadores,
creyendo esto todos sereis sanados.

Los judíos, que siguen arrodillados y sin poder moverse, solicitan la ayuda de los apóstoles a quienes imploran el bautismo, manifestando su firme creencia en que María es la Madre de Dios:

Nosaltres tots creem
que és la Mare del Fill de Déu.
Batejau-nos tots en breu.
que en tal fe viure volem.

Todos nosotros creemos
que es la Madre del Hijo de Dios.
Bautizadnos en breve a todos.
que en tal fe vivir queremos.

San Pedro bautiza a los infieles tocándoles sus cabezas con la palma dorada. En esos momentos quedan milagrosamente curados y aquel judío que quedó con las manos engarfiadas junto al féretro, consigue moverlas, cayendo inmediatamente de rodillas. La alegría de los hebreos se transforma en canto:

Cantem, senyors!
Que cantarem?
Ab clamors, façam gracies i llaors
a la humil Mare de Déu.

¡Cantemos. señores!
¿Qué cantaremos ?
Con clamores, demos gracias, y loores
a la humilde Madre de Dios.

A ella devem servir
tot lo temps de nostra vida,
puix sa bondat infinida
nos vullgué així guarir.

A ella debemos servir
todo el tiempo de nuestra vida,
pues su bondad infinita
nos quiso curar así.

Doncs cantem tots,
tots la lloem!
Ab clamors, façam gràcies i llaors
a la humil Mare de Déu.

¡Así, pues, cantemos todos,
todos loémosla!
Con clamores, demos gracias y loores
a la humilde Madre de Dios.

Curados los infieles de su dolencia, se levantan en pie moviendo las manos para mostrar su curación. Y todos juntos, apóstoles y judíos, se disponen a realizar el entierro de María. En esta escena se desarrolla una pequeña procesión alrededor del cadafal. Y a pesar de la estrechez del escenario, el movimiento solemne del desfile se inicia con la cruz alzada, portada por uno de los judíos. Le siguen grupos de apóstoles y hebreos. Tras ellos, precedida del incensario, la yacija procesional con el cuerpo de la Virgen que es llevada, bajo palio, por los propios cantores. Cierran el sepelio San Pedro que actúa como preste y las dos Marías y los ángeles del cortejo. El entierro realiza una vuelta completa al escenario durante la cual se entona de nuevo el salmo 114:

In exitu Israel d'Egipto
Domus ]acob de populo barbaro,
Facta est Judea sanctificatio eius,
Israel potestas eius.

Al salir Israel de Egipto,
la casa de Jacob de un pueblo extranjero,
hizo de Judá su santuario,
de Israel, su imperio.

Mare vidit, et fugit:
Jordanis conversus est retrorsum.
Montes exsultaverunt ut arietes:
et colles sicut agni ovium.

Lo vio el mar y huyó:
el Jordán retrocedió.
Dieron saltos los montes como carneros:
y los collados como corderos.

Concluida la vuelta al cadafal, la yacija con la figura de la Virgen es devuelta a su lugar primitivo y entonan todos los personajes un hermoso canto de veneración:

Ans d'entrar en sepultura
aquest cos glorificat
de la Verge santa i pura,
adorem-lo de bon grat.

Antes que entre en sepultura
este cuerpo glorificado
de la Virgen santa y pura,
adorémosle de buen grado.

Contemplant la tal figura,
ab contricció i dolor,
de la Verge santa i pura
en servei del Creador.

Contemplando tal figura
con contricción y dolor,
de la Virgen santa y pura
en servicio del Creador.

Respectant la tal figura,
ser de tanta majestat,
de la Verge santa i pura,
adorem-lo de bon grat.

Respetando la tal figura,
ser de tanta majestad,
de la Virgen santa y pura,
adorémosle de buen grado.

Seguidamente, la imagen de la Virgen es recogida de la yacija procesional y, en brazos de los apóstoles, instalada ante su sepultura simulada, como hemos señalado, en el centro del escenario. La figura es colocada sobre un lienzo bellamente bordado y su cabeza, recostada sobre almohadas, se apoya en la barandilla del sepulcro. San Pedro, arrodillado ante ella, la inciensa tres veces siguiendo el ritual de exequias (Esta incensación se suprime en los Ensayos Generales). Los apóstoles y judíos, de pie, entonan una vez más el salmo In exitu Israel d'Egipto. Acabado el ceremonial es bajado el cuerpo de María, mediante el lienzo mencionado, al interior del sepulcro. Y en ese preciso momento suena el órgano para anunciar que las puertas del cielo se han abierto y ha comenzado a descender el araceli. Como en la Vespra, cuatro ángeles tocan guitarras y arpa y el Ángel Mayor porta el alma de la Virgen en sus manos. El bello canto del coro angélico llena la iglesia con la promesa de la resurrección:

Llevantau's, Reina excel·lent,
Mare de Déu omnipotent.
Veniu, sereu coronada
en la celestial morada.

Levantaos, Reina excelente,
Madre de Dios omnipotente.
Venid, sereis coronada
en la celestial morada.

Alegrau's que hui veureu
de qui sou Esposa e Mare
e també veureu lo Pare
del car Fill i etern Déu.

Alegraos, que hoy vereis
de quien sois Esposa y Madre
y también vereis al Padre
del caro Hijo y eterno Dios.

Allí estareu sens tristor
on pregareu per lo pecador
e reinareu eternament,
contemplant Déu onmipotent. (9)

Allí estareis sin tristeza
donde rogareis por el pecador
y reinareis eternamente
contemplando a Dios omnipotente.

(9) En las representaciones actuales únicamente es interpretada la primera cuarteta de este canto.

En cuanto el araceli llega al cadafal, penetra en su interior a través del orificio o escotillón central, el mismo que sirvió para sepultar el cuerpo de María. Es más, justamente debajo de dicho escotillón existe un foso excavado en la propia iglesia, para que el aparato aéreo pueda entrar totalmente en el escenario. Este foso se halla el resto del año cubierto con unas tablas y puede apreciarse a la entrada del presbiterio de Santa María. Una vez el araceli se halla escondido de la vista del público, se procede a sustituir al Ángel Mayor del artefacto celeste por la imagen de la Virgen. Ésta, cuidada y adornada por sus camareras, es sujetada al aparato. Tras ello comienza la recélica a subir hacia el cielo. La imagen de María, ya sin la mascarilla mortuoria que simulaba su muerte, aparece resucitada. De esta manera plástica, con la unión del ánima que baja desde el cielo al cuerpo que había sido enterrado en la tierra, se refleja perfectamente la Asunción de la Madre de Cristo.

El ascenso del araceli, con sus ángeles entonando el mismo cántico que en la bajada, se detiene en la mitad de su recorrido quedando suspendido entre el cielo y el cadafal. En ese instante regresan a la iglesia los dos Electos que, momentos antes, habían salido a buscar al apóstol que faltaba por venir, Santo Tomás. Éste, que según la tradición se hallaba predicando en la India realiza gestos de extrañeza pues, como sus compañeros de apostolado, no comprende el motivo de tan largo y misterioso viaje. De pronto, después de avanzar unos metros por el corredor central, descubre a los apóstoles y judíos alrededor de la sepultura y comprende inmediatamente que ésta debe ser la de María:

Oh, bé és fort desaventura
de mi trist, desaconsolat,
que no em sia ací trobat
en esta santa sepultura!

¡Oh, qué fuerte desventura
de mi triste, desconsolado,
que no me haya aquí encontrado
en esta santa sepultura!

Avanza unos pasos más y se detiene asombrando, casi asustado, al descubrir en la altura, suspensa en el aire, a la Virgen rodeada de ángeles. Es en ese momento cuando se dirige a su Madre para pedirle perdón por su tardanza:

Prec-vos, Verge excel·lent,
Mare de Déu omnipotent.
Vós m'hajau per excusat
que les Índies m'han ocupat.

Ruégoos, Virgen excelente,
Madre de Dios omnipotente.
Vos me deis por excusado
que las Indias me han ocupado.

Santo Tomás cae de rodillas al acabar su emocionado canto. El cielo vuelve a abrir sus puertas y con una música suave del órgano comienza a bajar la coronación un pequeño artefacto aéreo de estructura similar al araceli, pero de dimensiones más reducidas. Está formado por una especie de trono central ocupado por el Padre Eterno y a sus dos lados, arrodillados sobre repisas dos niños que figuran las otras dos personas de la Santísima Trinidad. Dios Padre es el tercero de los personajes del Misterio que ha de ser representado por un sacerdote. Lentamente, la Trinidad se acerca al araceli, mientras sus ocupantes entonan el canto siguiente:

Vós siau ben arribada
a reinar eternalment,
on tantost, de continent,
per Nós sereu coronada.

Vos seais bien arribada
a reinar eternamente,
donde enseguida, inmediatamente,
por Nos sereis coronada.

Coincidiendo con el final del cántico el Padre Eterno que porta en sus manos una corona imperial dorada, la deja caer sujeta por un cordón. Poco a poco desciende los escasos metros que separan ambos aparatos. Al mismo tiempo, una lluvia de oro surgida del cielo envuelve a los personajes y, por fin, la corona se posa sobre las sienes de María (En los Ensayos Generales esta coronación es solamente simulada: se deja caer la lluvia de oropel, pero no la corona imperial).

El instante es inenarrable. La multitud que llena completamente el templo prorrumpe en aplausos y vítores. Todas las campanas de la iglesia, exteriores e interiores, son lanzadas al vuelo. Una salva de cohetes se dispara desde las terrazas de Santa María. y el órgano, abiertos todos sus registros, emprende un tutti majestuoso. Los ¡Visca la Mare de Déu! salen de las gargantas de cantores y espectadores. Este es el momento culminante de la Festa. La cumbre del Misterio. La Virgen, la patrona de Elche, ha sido coronada como Reina de todo lo creado en presencia de toda la población.

El texto más antiguo del Misterio de cuantos conocemos, fechado en 1625, indica que el canto de la Santísima Trinidad fue corregido por el Licenciado Comes, maestro de música del Palacio Real. Sin embargo, parece que la corrección, que reproducimos a continuación, no llegó a hacerse efectiva y, por tanto, esta segunda letra no se canta en la actualidad:

 

Veniu, Mare excel·lent,
puix que virtut vos abona,
ab esta imperial corona
reinareu eternalment.

Venid, Madre excelente,
ya que virtud os abona,
con esta imperial corona
reinareis eternamente.

Durante los instantes que dura la coronación de María, los apóstoles y judíos del cadafal descubren la emotiva escena. Comprenden que la Virgen ya no está en el sepulcro que rodean porque ha resucitado y va, coronada, camino del cielo. Por ello alzan las manos hacia la altura, se unen a la acción y reciben la copiosa lluvia de oropel que inunda el escenario y sus alrededores. Santo Tomás recorre los pasos que le quedaban para llegar al tablado. Una vez allí, saluda y abraza a San Pedro y a San Juan. Éste último deshoja la palma dorada y, bajando del escenario, se abre camino dificultosamente entre la gente. Sube a las tribunas oficiales levantadas en los laterales de la iglesia y entrega hojas de esta palma al Alcalde de la ciudad y al Presidente del Patronato del Misterio (Esta acción de repartir la palma dorada no tiene lugar en los Ensayos Generales).

Cuando la Santísima Trinidad llega a la cúpula, comienza su ascenso el araceli. Los aplausos se suceden sin cesar. El órgano llena con sus sones el recinto de la Basílica. y como punto final, cuando el araceli está a punto de penetrar en el cielo, los apóstoles y judíos entonan una Gloria Patri de acción de gracias:

Gloria Patri et Filio
et Spiritui Sancto.
Sicut erat in principio
et nunc et semper
et in saecula saeculorum.
Amen.

Gloria al Padre y al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en un principio
y ahora y siempre
y por los siglos de los siglos.
Amén.

El araceli, con la imagen de la Virgen, es despedido con fuertes aplausos. Los cantores salen entonces en dos filas dirigiéndose a la ermita de San Sebastián. Cierran el cortejo San Juan, San Jaime y San Pedro seguidos del rector y el Portaestandarte y los Electos. El Misterio de Elche, la Festa d'Elx, ha concluido.

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